Yucatán… entre tesoros coloniales

Yucatán… entre tesoros coloniales

Ex-convento de San Bernardino de Siena en Valladolid, Yucatán. GOBIERNO DE YUCATÁN

Glen Rodrigo Magaña | Pulso Informativo

Estado que se escucha con jaranas, danzones y boleros; zona maya que comparte su sincretismo arquitectónico con edificaciones virreinales; en el paladar, sus manjares; riqueza cultural escrita a través de su historia; y que, para esta ocasión, elegiremos dos de sus mágicos poblados coloniales. El primero, es conocido como la “Sultana del Oriente”, cuatro veces heroica, la capital del oriente maya con la belleza natural de sus cenotes, con una privilegiada posición geográfica y detallada por construcciones de los siglos XVI al XVII. Mientras que el segundo sortilegio yucateco, nos regresará a la época de los carruajes a caballo, pueblo pintado de amarillo, un convento que cuenta con el segundo atrio más grande del mundo y resguardado por pirámides prehispánicas.

Afortunadamente en mi sangre habita la casta pura, orígenes milenarios de los verdaderos nativos, aquellos a quienes llaman indígenas, pueblo auténtico de nuestro país. México, amenazado por un déspota “estadounidense”, tal parece que el racismo toca nuevamente las puertas de la Casa Blanca, el “show man” que sin valores pretende aniquilar aquello que tanto anhela… raíces, un origen, una identidad. Sombríos vientos del norte entre el contaminado aire nacional, fusión perfecta para el saqueo político y las fichas se mueven, sin que nadie observe el obscuro juego.

Así que mejor introduzcámonos a nuestro destino nacional… la tierra del Mayab, que nos heredara una de las “Siete Maravillas del Mundo Moderno”, región de gran importancia prehispánica, principalmente dentro de la cultura maya; una sangrienta historia en la época colonial, protagonizada por los tres peninsulares Montejo: “El Adelantado”, “El Mozo” y “El sobrino”; un movimiento de independencia sin intervención militar, que de forma tardía y accidentada vivió la entonces Capitanía; la separación de México en 1840, donde aproximadamente ocho años funcionó como República de Yucatán y una guerra de castas que durara más de medio siglo, son sólo una parte de su historia.

La belleza cubierta de huipiles bordados a mano, elegantes hidalgos que bailan presumiendo guayaberas y sombreros corte habanero, jaranas yucatecas que dan identidad musical al estado, danzones al atardecer, y un bolero o trova que esperan a su acompañante nocturnal.

Delicias de nuestra península, esas que saben a patria con sazón precolombino, leyendas milenarias narradas entre su paradisiaca vegetación, la calidez de sus pobladores y una ¡bomba! de picardía mexicana para explotar sonrisas.

Valladolid… artesanía del virreinato

Fundada por Francisco de Montejo “El sobrino” el 28 de mayo de 1543, la cuatro veces heroica “Sultana del oriente” era conocida en la época prehispánica como Chauac Ha, que a causa de la fiebre amarilla, traída por los ibéricos, fue trasladada a la localidad maya de Zací en 1945, y el nombre de Valladolid, fue en honor a la homónima metrópoli española. Otros dos destacados acontecimientos son: que fue en esta localidad donde inicia la guerra de castas en 1847, y se considera que fue aquí donde se da la primera chispa de la Revolución Mexicana.

Iglesia de San Servacio, Yucatán.
Iglesia de San Servacio, Yucatán.

La gran mayoría de las edificaciones de este pueblo mágico son del periodo virreinal, sus principales ejemplos sacros son: la Parroquia de San Servacio con sus dos torres que adornan la fachada; la Iglesia de la Candelaria, de estilo churrigueresco; la antigua plazoleta de la Iglesia de Santa Lucía o el delicado retablo barroco de la Iglesia de San Juan.

Caminar por la Calzada de los Frailes es adentrase a la magia colonial, entre antiguas casonas, hoteles boutique, jardines o pinacotecas, al ser el Museo San Roque uno de los preferidos por su colección de piezas prehispánicas.

Por su parte, la artesanía es otra de las especialidades de este pintoresco poblado, sus prendas bordadas a mano o lindas piezas talladas en madera; mientras que el apetito se satisface con el sazón yucateco… manjares como los panuchos, papadzules o salbutes acompañados por la bebida típica de Valladolid, el xtabentun o el balché.

Respecto a su propuesta natural, los hermosos cenotes de Xkeken y Samulá para echarte un chapuzón o si andas de prehispánico, muy cerca de este ensueño colonial se encuentra la zona arqueológica de Ek Balam o a menos de una hora encontrarás la ciudad ancestral de Cobá o la majestuosa Chichén-Itzá.

Izamal… ciudad de las tres culturas

Los chanes, tribu maya oriunda de Bacalar, fueron quienes fundan el Itzá en el 550 d.C. bajo el mando del sacerdote Zamná. A la llegada de los españoles, este territorio fue establecido bajo el régimen de encomienda, durante el periodo de la República de Yucatán, esta villa fue elegida como provincia de la Costa y en 1841 logra la categoría de ciudad.

Izamal parece sacado de un cuento de hadas, ya que aquí se acostumbra recorrer sus blancos sacbes en celesa, que es un carruaje tirado por caballos; literalmente vasto de leyendas en cada esquina, pintado de amarillo brillante y rodeado de pirámides milenarias.

Convento de San Antonio de Padua en Izamal, Yucatán. GOBIERNO DE YUCATÁN
Convento de San Antonio de Padua en Izamal, Yucatán. GOBIERNO DE YUCATÁN

El principal atractivo de la entidad es el majestuoso Convento de San Antonio de Padua, construido sobre una pirámide maya, bajo la dirección del controversial fray Diego de Landa en 1561, posee el segundo atrio más grande del mundo, cuenta con 75 arcos y una explanada de casi ocho mil metros cuadrados, el Templo de la Purísima Concepción forma parte del conjunto conventual, en su interior destaca la guatemalteca escultura de la Virgen de Izamal.

Otros gozos turísticos son: su zona arqueológica, que dentro de sus más de cien edificaciones prehispánicas identificadas, solo cinco de ellas, están restauradas, al destacar el Templo de Kinich Kak Moo, y para aquellos fanáticos de las Haciendas, éste

destino yucateco cuenta con varias de éstas que producían el llamado “oro verde”, el henequén.

En el Centro Cultural y Artesanal podrás encontrar un museo de arte popular, cafetería y hasta un spa para terminar de relajarte… aunque dentro de su propuesta nocturna, tal vez un bolero sea el pretexto perfecto para no llegar a tu habitación solo. www.homoespacios.com

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